1. Recuerdo que cuando estuve
en Adyar, en Chennai, Estado de Tamil Nadu, en la India (2018), residí en la Sociedad
Teosófica (ST) y tuve la oportunidad de hablar allí con varias personas.
Entre ellas, con una señora joven brasileña, que hacía su solidaridad en la
Administración de la ST. Recuerdo que en uno de los momentos salió la cuestión
de definir que el avance espiritual consistía simplemente en constatar el aminoramiento,
decrecimiento o extinción del ego/yo. Hablemos de manera más sencilla de: decrecimiento
del ego. Precisamente el peligro grave de una Espiritualidad pervertida es
la egolatría, el narcisismo, la auto-referencia, la manipulación egocéntrica de
la Realidad. Por lo tanto, el barómetro o criterio del avance espiritual es
observar el decrecimiento progresivo del yo/ego (centrismo).
2. ¿Qué significa esto para
nuestros CEHLs? Significa lo que podríamos llamar el “vestir la camiseta” en
serio, como se dice en portugués, algo así como implicarse a fondo en la
cuestión del sacrificio por las y los demás, por la Naturaleza. Recordemos la
historia de los pintores chinos de la Antiguedad que, poseyendo ya una gran
técnica pictórica, querían “pintar del cuadro perfecto”. Para eso, si querían,
por ejemplo, pintar un árbol “perfecto”, se sentaban en meditación delante del
árbol en cuestión días y días sin fin, hasta que llegaba el momento en que
entre ellos y el árbol no había distancia, o sea, que ellos y el árbol
eran uno. A partir de ahí podían pintar el cuadro “perfecto”. Es decir,
¡cuando entre “yo” y la “Naturaleza” somos Uno! En otras palabras,
cuando no hay un “yo” que perturbe esa unidad con lo diverso.
3. En la tradición cristiana
hay una expresión en el Evangelio de Juan (3,30) donde aparece San Juan
Bautista diciendo: “Él es quien debe crecer y yo disminuir”. Ese “Él” se
refiere a Jesús de Nazaret, pero podría decir también aquí: La Comunidad. San
Pablo va a decir, por su parte, aquello de que:”Y ya no soy yo quien vive, sino
que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20). Es decir, es tal la identificación
personal con Cristo, que entre ambos hay una unidad. Es decir, el yo personal
se evaporó.
(La palabra ´humildad´ viene
de “humus”, la capa orgánica de tierra. Ser “humilde” es estar a la altura de
la tierra o del suelo).
Podemos hablar así de
macro-egos, meso-egos y micro-egos.
(1) Macro-egos,
producidos por las grandes “tentaciones” del Dinero, Poder, Sexo, Fama, Éxito
(=afirmación del ego).
(2) Meso-egos: los
provenientes de cualquier cargo de autoridad, de la “titulitis”, del
reconocimiento social (discutir esto último en la “pirámide de las necesidades”
de Abraham Maslow).
(3) Micro-egos:
egoísmos cotidianos, mediocridad, comodismo, consumismo, mezquindad, vanidad...
(Evidentemente, estas
determinaciones aproximadas de nivel macro, medio y micro dependen no sólo de
su caracterización, sino de su intensidad).
4. Algunas observaciones prácticas
Aquí, como en múltiples fenómenos del campo de la Espiritualidad, la cuestión es la vigilancia (el Maestro de Galilea y los grandes Maestros han hablado siempre de la importancia de esta actitud). La vigilancia del yo. La auto-observación. El “volver la mirada hacia adentro”, típico de la Espiritualidad (los sentidos están siempre vueltos hacia afuera). Es el auto-conocimiento (recuérdese las dos grandes actitudes de la filosofía existencialista: “la autenticidad” y “la búsqueda sincera y cotidiana de la realidad tal como es”). La práctica es identificar los diversos egos que nos habitan como, por ejemplo, los siguientes:
- el ego de la auto-justificación y de la auto-complacencia
- el ego de la crítica a l@s demás
- el ego del auto-engaño (y con eso, del engaño a la gente)·
- el ego de la comodidad, de la falta de auto-superación y la auto-exigencia
- el ego de la despreocupación culpada por la falta de información y la formación de la conciencia (véase la importancia del “cultivo de la inteligencia” de la que habla Martin Luther King en La fuerza de amar)[1]
- el ego del placer por el placer (dictadura del placer)
- el ego de la “dictadura de los deseos”
- el ego de la falta de generosidad
- el ego del egoísmo y del egocentrismo
- el ego de la búsqueda del poder
- el ego de la acumulación
- el ego de la búsqueda de la fama y el reconocimiento ajeno (productos de la inseguridad interior)
- el ego de la búsqueda del éxito y el “eficacismo y pragmatismo”
- el ego del descompromiso práctico (económico, político, social...)
- el ego del desequilibrio (hablar más de la cuenta y callar cuando hay que hablar y denunciar...)
- el ego de la soberbia y el orgullo
- el ego de la avaricia (los "apegos")
- el ego de la lujuria
- el ego de la ira
- el ego de la gula
- el ego de la envidia
- el ego de la pereza
- el ego de la "blasfemia" (por ejemplo, para l@s budistas, la blasfemia contra Buda, el Dharma o la Sangha; o para l@s cristianos/as, la blasfemia contra Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo, Maria o las y los santos..., o, en general, vivir quejándose de todo y de todos, sin espacio para la gratitud cotidiana)
- etc.
4. La acción correcta
Para superar estos egos ha
habido fundamental dos tipos de respuesta, que aquí solo enunciamos, sin
desarrollar: la más inmediatista o urgente (pero también más superficial), que
es la del "agere contra" ("actuar contra": trabajando algunos
de los "egos" con micro-luchas cotidianas de renuncia efectiva y
práctica, aunque fuera de pequeña, pelo cualitativa, dimensión) y la más
mediata, profunda y radical de la observación profunda (seguimiento
continuo e implacable de nuestros egos, de cuál es su naturaleza, de cómo
operan, de cómo nos hacen daño y nos impiden ser realmente libres y de porqué
esto ocurre...). Podremos alcanzar así un estado de despojamiento y de libertad
interior, fruto del no-ego.
Pero, evidentemente, esto es
una cuestión de práctica correcta y no tanto de teoría.
Como diría el Maestro de
Galilea: "¡Ve y practica!"
¿Podemos probar?
rui manuel grácio das neves
lisboa
30.09.20.
[1]Véase MARTIN LUTHER KING JR., Strength
to Love (Fortress Press, Minneapolis 2010), apartado II, Capítulo IV, pp.
35-39, sobre la “intellectual and spiritual blindness”.
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