segunda-feira, 9 de novembro de 2020

"LA MUERTE DEL YO" (UPADESA 2 - ENCONTRO IBÉRICO 2020)

 

1. Recuerdo que cuando estuve en Adyar, en Chennai, Estado de Tamil Nadu, en la India (2018), residí en la Sociedad Teosófica (ST) y tuve la oportunidad de hablar allí con varias personas. Entre ellas, con una señora joven brasileña, que hacía su solidaridad en la Administración de la ST. Recuerdo que en uno de los momentos salió la cuestión de definir que el avance espiritual consistía simplemente en constatar el aminoramiento, decrecimiento o extinción del ego/yo. Hablemos de manera más sencilla de: decrecimiento del ego. Precisamente el peligro grave de una Espiritualidad pervertida es la egolatría, el narcisismo, la auto-referencia, la manipulación egocéntrica de la Realidad. Por lo tanto, el barómetro o criterio del avance espiritual es observar el decrecimiento progresivo del yo/ego (centrismo).

2. ¿Qué significa esto para nuestros CEHLs? Significa lo que podríamos llamar el “vestir la camiseta” en serio, como se dice en portugués, algo así como implicarse a fondo en la cuestión del sacrificio por las y los demás, por la Naturaleza. Recordemos la historia de los pintores chinos de la Antiguedad que, poseyendo ya una gran técnica pictórica, querían “pintar del cuadro perfecto”. Para eso, si querían, por ejemplo, pintar un árbol “perfecto”, se sentaban en meditación delante del árbol en cuestión días y días sin fin, hasta que llegaba el momento en que entre ellos y el árbol no había distancia, o sea, que ellos y el árbol eran uno. A partir de ahí podían pintar el cuadro “perfecto”. Es decir, ¡cuando entre “yo” y la “Naturaleza” somos Uno! En otras palabras, cuando no hay un “yo” que perturbe esa unidad con lo diverso.

3. En la tradición cristiana hay una expresión en el Evangelio de Juan (3,30) donde aparece San Juan Bautista diciendo: “Él es quien debe crecer y yo disminuir”. Ese “Él” se refiere a Jesús de Nazaret, pero podría decir también aquí: La Comunidad. San Pablo va a decir, por su parte, aquello de que:”Y ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20). Es decir, es tal la identificación personal con Cristo, que entre ambos hay una unidad. Es decir, el yo personal se evaporó.

(La palabra ´humildad´ viene de “humus”, la capa orgánica de tierra. Ser “humilde” es estar a la altura de la tierra o del suelo).

Podemos hablar así de macro-egos, meso-egos y micro-egos.

(1) Macro-egos, producidos por las grandes “tentaciones” del Dinero, Poder, Sexo, Fama, Éxito (=afirmación del ego).

(2) Meso-egos: los provenientes de cualquier cargo de autoridad, de la “titulitis”, del reconocimiento social (discutir esto último en la “pirámide de las necesidades” de Abraham Maslow).

(3) Micro-egos: egoísmos cotidianos, mediocridad, comodismo, consumismo, mezquindad, vanidad...

(Evidentemente, estas determinaciones aproximadas de nivel macro, medio y micro dependen no sólo de su caracterización, sino de su intensidad).

4. Algunas observaciones prácticas

Aquí, como en múltiples fenómenos del campo de la Espiritualidad, la cuestión es la vigilancia (el Maestro de Galilea y los grandes Maestros han hablado siempre de la importancia de esta actitud). La vigilancia del yo. La auto-observación. El “volver la mirada hacia adentro”, típico de la Espiritualidad (los sentidos están siempre vueltos hacia afuera). Es el auto-conocimiento (recuérdese las dos grandes actitudes de la filosofía existencialista: “la autenticidad” y “la búsqueda sincera y cotidiana de la realidad tal como es”). La práctica es identificar los diversos egos que nos habitan como, por ejemplo, los siguientes:

  • el ego de la auto-justificación y de la auto-complacencia
  • el ego de la crítica a l@s demás
  • el ego del auto-engaño (y con eso, del engaño a la gente)·
  • el ego de la comodidad, de la falta de auto-superación y la auto-exigencia
  • el ego de la despreocupación culpada por la falta de información y la formación de la conciencia (véase la importancia del “cultivo de la inteligencia” de la que habla Martin Luther King en La fuerza de amar)[1]
  • el ego del placer por el placer (dictadura del placer)
  • el ego de la “dictadura de los deseos”
  • el ego de la falta de generosidad
  • el ego del egoísmo y del egocentrismo
  • el ego de la búsqueda del poder
  • el ego de la acumulación
  • el ego de la búsqueda de la fama y el reconocimiento ajeno (productos de la inseguridad interior)
  • el ego de la búsqueda del éxito y el “eficacismo y pragmatismo”
  • el ego del descompromiso práctico (económico, político, social...)
  • el ego del desequilibrio (hablar más de la cuenta y callar cuando hay que hablar y denunciar...)
  • el ego de la soberbia y el orgullo
  •  el ego de la avaricia (los "apegos")
  •  el ego de la lujuria
  • el ego de la ira
  • el ego de la gula
  • el ego de la envidia
  • el ego de la pereza
  • el ego de la "blasfemia" (por ejemplo, para l@s budistas, la blasfemia contra Buda, el Dharma o la Sangha; o para l@s cristianos/as, la blasfemia contra Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo, Maria o las y los santos..., o, en general, vivir quejándose de todo y de todos, sin espacio para la gratitud cotidiana)
  • etc.        

4. La acción correcta

Para superar estos egos ha habido fundamental dos tipos de respuesta, que aquí solo enunciamos, sin desarrollar: la más inmediatista o urgente (pero también más superficial), que es la del "agere contra" ("actuar contra": trabajando algunos de los "egos" con micro-luchas cotidianas de renuncia efectiva y práctica, aunque fuera de pequeña, pelo cualitativa, dimensión) y la más mediata, profunda y radical de la observación profunda (seguimiento continuo e implacable de nuestros egos, de cuál es su naturaleza, de cómo operan, de cómo nos hacen daño y nos impiden ser realmente libres y de porqué esto ocurre...). Podremos alcanzar así un estado de despojamiento y de libertad interior, fruto del no-ego.

Pero, evidentemente, esto es una cuestión de práctica correcta y no tanto de teoría.

Como diría el Maestro de Galilea: "¡Ve y practica!"

¿Podemos probar?

 

rui manuel grácio das neves

lisboa

30.09.20.

 



[1]Véase MARTIN LUTHER KING JR., Strength to Love (Fortress Press, Minneapolis 2010), apartado II, Capítulo IV, pp. 35-39, sobre la “intellectual and spiritual blindness”.

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