RELATO
DE UNA EXPERIENCIA DE ACOMPAÑAMIENTO.
Lo que voy a expresar tiene su origen en las siete noches
que acompañé a las personas migrantes que en el mes de Julio y
anteriormente, con motivo de la ola de
frio en Madrid, durmieron en nuestra parroquia San Carlos Borromeo, que les
acogió .
A modo de aclaraciones
Lo primero que tengo que expresar es que yo no fui el único que les acompañó en
la acogida; en realidad, fue toda una red solidaria que se creó en la
parroquia, y fuera de ella , de la que fui un simple enlace-servidor, uno más. De
cómo se formó este grupo de acogida , esta
red, sus dificultades y logros, daría
mucho para escribir, pero este no es el objetivo del presente relato.
Con él no
pretendo abordar todos las exigencias que conlleva el derecho inalienable al libre tránsito de las
personas migrantes, a no ser tratadas como “mercancías” y tener
a la política del miedo y de la inseguridad como y a otras, como justificaciones del no reconocimientos de sus derechos .
Mi propósito es más sencillo : quiero dejar constancia
de mis vivencias a lo largo de las noches –que de manera discontinua- pasé con
ellos, velando sus sueños y pensando en
sus realidades . Y no sólo por
las noches, también lo pude hacer durante las cenas y los desayunos, que eran preparados con todo tipo de detalles y con
mucho cariño por personas de la parroquia . ¡¡Cómo se palpaba la ternura de la
solidaridad!! Personas más cualificadas que yo lo podrían corroborar, pero
omito dar nombres en todo el relato.
1º.- El lugar
de la acogida: la Comunidad de San Carlos
Borromeo.
Decir que la Iglesia es “casa de
acogida” suena muy bonito, y puede hasta que
tranquilice conciencias .Pero no basta con decirlo, hay
que llevarlo a la práctica; y para
ello, no han
de tener cerradas sus puertas .
Y cerradas
pueden estar de muchas maneras. Pueden que estén abiertas al culto , a la adoración ,
o para el turismo, pero cerradas a la acogida: a ver a la otra persona como hermana, como iguales, con la misma dignidad, siendo por consiguiente un lugar de confraternización, y no un lugar “para buscar la salvación en la
otra vida” o para hacer más méritos
ganando indulgencias.
Lo sagrado de
las iglesias, de los templos, no les viene por la bendición de sus piedras, o de sus altares, o de las estatuas de los santos y santas que se exhiben y veneran , o de las
personas que descansan “in eternum” dentro de ellas, entre sus muros . Pienso
que lo sagrado lo tienen cuando son espacios de encuentro, de acogida, donde se posibilite la confraternización, y donde las
personas que acuden a ellas se sientan dignas , y sean reconocidas como seres humanos en su
totalidad, sin ninguna discriminación . Entonces sí podemos decir que la
Iglesia, las iglesias, los templos , son
casas de acogidas y que sus piedras y muros son sagrados, por
las personas que acogen.
Y esto fue lo que sucedió en nuestra parroquia : dormir
como ellos en el suelo ,
tumbados en los colchones o en los bancos de la iglesia, o simplemente encima de unas mantas- algunos de ellos dormían debajo del crucifijo que pende en uno de los
laterales de la Iglesia, donde semanalmente se vive y expresa la “comensalidad
abierta”- me hacía reafirmarme en la
idea expresada en el párrafo anterior, y
corroborada en los momentos vividos en el mismo lugar, como han sido : las celebraciones de los domingos, las presentaciones
de eventos reivindicativos, las fiestas
solidarias, las reuniones de las Mareas, la Coordinadora de Barrios, encuentros
de trabajo, charlas…etc. Todo ello indicaba
que el espacio, el templo, estaba abierto y servía también y principalmente para las causas de los/as quienes “ no tienen voz en esta sociedad”, o no la
suficiente.
2.- El
transcurrir de las noches: breve recordatorio
Confieso que la primera noche que me quedé, en plena “ola
de frío madrileña” , acompañando a quienes no habían podido ser recogidos por
el Samur Social-“porque ya no disponían-decían –de más plazas en el albergue”,
la pasé sin dormir, por el chock que me supuso
vivir aquella realidad con ellos.
Todo me parecía extraño , mi cabeza era como una noria de pensamientos
que iban y venían : ¿Será verdad dónde estoy? ¿Cómo es posible que se llegue a esta situación? Y… a este Estado, ¿se le llama del Bienestar? ¿No tienen la misma dignidad
que yo? ¿No hay recursos públicos para
solucionar este problema? ¿Cuál es mi responsabilidad? Y reflexionaba
sobre la parábola del Buen
Samaritano, del Maestro de Galilea, un
tal Jesús, y encontraba algunas de la
respuestas a la situación que vivía de acompañamiento; pero mi
mente continuaba dando vueltas y
vueltas a otras preguntas, como noria alocada, hasta que de
madrugada se paró , víctima del
sueño, y se aquietó y pude conciliar el sueño por unas horas. Esta fue
la primera noche.
Recuerdo de un modo especial otra noche pasada en el mes de Julio, cuando me quedé con 17 personas , todas ellas de procedencia subsahariana, que habían desembarcado hacía unos días en unos de los lugares de la frontera del Sur de la Costa , y traídas
en autobús por la Cruz Roja para
dejarles “a su suerte” en Madrid, como si su sueño ya se hubiera hecho realidad, y que gracias
a los contactos y a nuestro
ofrecimiento para su acogida, durmieron
aquella noche en la parroquia.
Aquella noche también fue distinta, la viví con una gran intensidad . No había tenido
nunca esta oportunidad de dormir con 17
personas, a penas dos o tres días de llegar a este país, y de la manera cómo habían llegado. Confieso que les miraba
con mucha discreción y respeto, para no herir sus sensibilidades, pues no sabia
sus costumbres. Y yo mismo me “avergonzaba
“ de ello. Quería que todo fuera normal, y creo que al final lo conseguí.
No obstante les observaba, y en todo momento estuve pendiente de ofrecerles los cuidados
necesarios para hacerles la estancia lo más agradable posible, siempre con el soporte y la ayuda de
las personas del grupo de acogida. Me sentía un modesto servidor de ella. Palpaba que no estaba solo. Éramos y
funcionábamos como una cadena de energía solidaria transformadora.
Los relatos, los análisis, las imágenes, incluso los reportajes que había visto sobre
migración , quedaban en un segundo plano, al verles cara a cara, lo que
llamamos “visibilizar” la realidad,
vivirla junto a ellos, y eso que nuestra misión solo fue de acompañamiento, de
aproximación. ¿Qué hubiera sido si les hubiera acompañado en la larga travesía
que hicieron , por haberme obligado a ello para sobrevivir ? Seguro que este relato no sería igual. Pero ya
no me tenían que contar historias ,
relatos …. los tenía allí, junto a mí. Y ello me inquietaba
Por una parte
me hacía sentirme bien; pero por otra, me cuestionaba toda mi forma de vida : ¿por
qué yo no he podido ser como uno de
ellos? ¿Por qué a mí no me ha tocado migrar? ¿Qué hubiera hecho yo? Estos
pensamientos me predisponían a tener un comportamiento de escucha
y de ser y estar más próximo a ellos,
aunque sabía que por más que lo
intentara nunca suplantaría su cruda
realidad.
Mi decisión fue no ponerme en un plano superior, con
sentimientos de compasión , de lástima hacia ellos. Ninguno del grupo de
acogida creo que lo hicimos. Y aunque era cierto que les pudimos ofrecer los
primeros recursos para su subsistencia, éramos conscientes que eran de
emergencia y provisionales. Su dignidad requería una atención y acogida integral. Pero mientras tanto, ahí estaba,
estábamos, junto a ellos.
En este plano de ir facilitándoles la vida “ lo más normal posible”, aunque fuera
una quimera, procuraba no tener con ellos ni una palabra indagadora, inquisitora…de su
situación, a no ser para presentarnos. Solo bastaba nuestra mirada y el “achuchón”que nos dábamos. ¡¡ Y qué
fuerza no tendría este achuchón , que
marcaba nuestra comunicación a lo largo
de la noche y durante las horas de acompañamiento y creo que aun hoy todavía la
recordamos, ellos y nosotros/as, allí donde estén!!
Si alguien se hubiera acercado al lugar , al “mejor
hotel del mundo”, y hubiera accedido a “nuestras suites”, desde las 22 a las 23 h. se
vería deslumbrado/a por unas estrellitas
parpadeantes. Eran las luces de sus móviles.
¿Qué pasaba? Pues lo más natural : la necesidad de
comunicación con sus seres queridos. Pensad en los días , meses..¿cuántos?.. que llevarían
sin poder comunicarse con sus familiares, sin tener noticias de ellos. Yo veía las luces de lo móviles, testigos
del prodigio que se estaba
produciendo a escasos metros de donde yo tenía mi esterilla : la intensa comunicación
con sus familiares. ¿Qué se comunicarían? ¿Les dirían el lugar donde
estaban? ¿Les dirían que por fín ya habían
conseguido estar “a salvo”, con la seguridad de encontrar un lugar donde
vivir y trabajo para sobrevivir y aun para enviarles ayuda? .
Desde luego que no podía , ni debía, escuchar sus
conversaciones, pero pensaba que debían ser momentos muy íntimos , a la vez que
difíciles por los que estaban pasando. De modo que me limitaba a dejar pasar el
tiempo hasta que a una hora , previamente anunciada, apagaba las luces del
“hotel”, y nos deseábamos : ¡¡Buenas noches!!
Recuerdo como
si hubiera sido esta última noche, una de las experiencias que tuve: serían las 6
de la mañana, me había despertado pronto
para ir a limpiar los dos servicios con la ducha para cuando se fueran a lavar,
para después ir a preparar el desayuno, y tenerlo todo limpio. Pero sucedió que al
subir las escaleras para recoger el
material de la limpieza oí una voz
tenue medio susurrando. Pensé que alguien desde su lugar
estaba soñando en voz alta o llamando , pidiendo ayuda. Invadido por mi curiosidad, bajé corriendo
las escaleras , me aproximé a la puerta de entrada al salón-templo- que estaba
semiabierta y miré sigilosasmente y
¡¡Ohhh!!! ¿Qué ví? : Ví a un joven de pie , junto al crucifijo ,con su mirada puesta en
él, que en forma de canto se estaba
dirigiendo a él, y le estaba hablando. Abrí los ojos para verle mejor y
permanecí por unos instantes dubitativo si entrar o no, mientras veía aquella
estampa: unos durmiendo con algún que otro ronquido , y él orando delante del crucifijo, con voz bajita,
para no despertar a los demás que dormían plácidamente, reparando el cansancio
acumulado tras sus durísimas travesías.
Y tras unos
instantes de dudas, de incertidumbre, por si se iba a molestar y al verme dejaría su
rezo, opté por acercarme a él con mucho
cuidado para no interrumpirle.
Llegado a donde
estaba , le hice un pequeño gesto de querer estar junto él, y me
acogió y me coloqué a su izquierda y
permanecí en silencio unos minutos junto a él. No entendía
muy bien lo que decía(le hablaba al crucifijo creo que en francés) ,
pero no me importaba. Recuerdo que su
oración era en forma de canto, con una melodía muy fácil de acompañar, como si
fuera un mantra. Y me quedé en silencio.
Lo que sentí en aquel momento fue una experiencia de unión, que no olvidaré
fácilmente. Noté que entre los dos se estaba produciendo una corriente de
energía que nos envolvía a los dos , difícil de transcribir en palabras, y cuyo testigo eran el
silencio y la imagen del ajusticiado,
inmóvil y mudo, como si ya con su vida lo hubiera dicho todo.
Por unos instantes pensé en quedarme junto a él, hasta que finalizara ; pero decidí marcharme y volverle a dejar solo, en su intimidad y yo
interconectado con él de otra manera.
Y me puse a reanudar la tarea prevista:
la limpieza de los aseos y la
preparación del salón para el desayuno.
Realizado lo anterior y al entrar de nuevo en el salón
que hace de “templo”, me le volví a
encontrar , ahora barriendo el salón, entre colchón y colchón, con sumo cuidado para que ninguno de sus
compañeros se despertaran. Como nadie le había ordenado limpiarlo, le hice señas para que lo dejara, que luego lo
haríamos entre todos, pero él quiso continuar. Pensé que como decisión suya, debería respetarla. Y así lo
hice. Para mí fue otro gesto más , ahora de servicio comunitario . ¿
Qué haría después este joven ? me pregunté.
Y …Oh!! Sorpresa: se puso a realizar yoga, junto a la
puerta, para no molestar a nadie,
en una modalidad que yo
desconocía. Tras ello, se fue a la ducha y después se puso
a coser su pantalón . Y todo…. antes de desayunar, mientras los
demás dormían , y no había encendido todavía las luces para que se despertaran.
Aun veo su
rostro, y recuerdo que era la misma persona que al iniciarse la noche, estaba pendiente de
ayudarme a colocar los colchones, y dispuesto a todo . Incluso él fue quien
estuvo cortando y arreglando los pantalones largos que traían sus compañeros ,
para caminar más cómodos .
3.-Lo que me enseñaron
Mientras plasmo por escrito esta experiencia, me
llega el MANIFIESTO: “Ante las devoluciones de migrantes y refugiados a
Marruecos”, emitido por una amplia red de colectivos de apoyo y acompañamiento
a personas migrantes y refugiadas, entre ellos
el Centro Pastoral San Carlos Borromeo, donde se critica de una manera
radical la práctica hecha por el actual gobierno de devolver a 116 personas migrantes y refugiadas a Marruecos.
Y no salgo de mi asombro. ¿Cómo puede ser que meses atrás el propio gobierno acoja
al Aquarius y dé algunas muestras esperanzadoras de una vez por todas de ser consecuente con una política
migratoria más humana, y ahora realice esta acción condenable , deplorable?
Confieso que esta noticia(24 de Agosto) me dejó sin reaccionar , hasta que de
nuevo retomé este escrito.
Ver el fenómeno migratorio como un derecho , a la vez
que como una oportunidad, y no como una amenaza a nuestra seguridad, es
una de las exigencias primeras que
debemos acometer en los planos personal, social y político. Creo que quienes
formábamos la red de acogida , lo veíamos y lo vemos así.
Si adoptáramos este nuevo paradigma a la hora de
abordar el fenómeno migratorio, nos llevaríamos más de una sorpresa, y muchos
de nuestros pre-juicios desaparecerían.
Trataré de escribir a continuación y a modo de síntesis algunos de los muchos
ejemplos que me dieron:
3.1.- Su lucha contra toda desesperanza.
Solemos decir que “cada día tiene su afán”. Pero el día o los días que pasaron desde que llegaron a uno de los lugares de la Costa por los medios
que ya sabemos, y después de que el autobús de la Cruz Roja les transportara hasta Madrid, y les dejaran en un
lugar para que “se buscaran la vida como
pudieran”, tras unas largas
travesías desde sus tierras de
origen(Senegal, Guinea, Costa de Marfil,
entre otras), ese dícho popular no tenía mucho sentido en ellos.
No podían
planificar nada para el día siguiente. Todo era incertidumbre, inseguridad,
desgaste psicofísico al ir de acá para
allá para encontrar una mínima seguridad. En situaciones que yo
posiblemente me hubiera desvanecido,
ellos se sentían aun esperanzados y con fuerzas. Esta fue la primera lección que me daban cada vez que
les veía: su lucha contra toda desesperanza, creyendo firmemente en las
personas e instituciones que les iban a acoger. ¿Falsa ilusión?
3.2.-El autocuidado y la ayuda mutua.
Cuando llegaban
por la noche a la Parroquia, llegaban exhaustos, con los pies destrozados,
cansados, y deseando tumbarse y descansar
. Lo primero era una
ducha con agua caliente/fría que les dejaba
relajados, recobrando todo su cuerpo el
brillo natural.
Después venía la cena, momento de darse los primeros saludos entre
quienes todavía no se habían saludado .A tenor de cómo comían , uno se podía
imaginar cómo tenían el estómago. ¡¡Lo
que hace el hambre!!
Ver el hambre de cerca, será otra de las imágenes que
me acompañarán toda mi vida para no olvidar, pues el olvido “rubrica” la
muerte, aunque se esté vivo
Vi cómo la autogestión
funcionaba y de qué manera, sobre todo tras la cena : cada uno cogía su plato,
recogía la mesa, y llevaba los platos a la sencilla cocina , donde siempre
había a algunos dispuestos a fregar y a dejarla recogida. Entre todos lo hacíamos con una gran facilidad
, existía una total disponibilidad para el servicio. ¿Qué pasaría si en
nuestras diversas comunidades donde nos
desenvolvemos, funcionáramos así? La autogestión es una de las prácticas que mejor expresa el sentido de
ser comunidad, porque no se crean dependencias .
Muchos de ellos, la mayoría , no se conocían, pero
habían sido compañeros de viaje, y esto era la clave . Si uno entraba al salón,
“templo-dormitorio” cuando ya estaban en sus colchones, vería más de una docena
de lucecitas encendidas: eran los móviles. Con ellos , bajito,
bajito…hablaban con algún familiar a miles de kilómetros de Costa de Marfil,
Senegal, Guinea, Marruecos…y si uno se acercaba un poco más, verían sus caras
risueñas, y algún que otro suspiro. ¡¡Qué se dirían!! Por una hora-hasta que se
apagaba la luz-aquello parecía un locutorio abierto, plurilinguístico.
Yo veía que unos
otros se pedían los
cables-cargadores de los móviles, que ser ayudaban a poner , colocar , los
colchones, a buscar en el ropero la ropa
para dormir, se ofrecían el jabón, los enseres para el aseo. En fín …la práctica de la ayuda mutua.
¡¡Qué gran ejemplo, y cómo contrasta con el individualismo feroz que tanto daño
nos hace!! ¡¡Seguro que en un hotel de 5 estrellas no veríamos esto!!
3.3.-El respeto
Tengo que decir también que durante las noches que les acompañé, no hubo ningún tipo
de incidente, ningún conflicto . La convivencia se desarrolló dentro de un
gran respeto de unos para otros, y en un
clima de cordialidad, respetándose unos y otros sus creencias y costumbres.
Esta fue otra de mis observaciones y aprendizajes .
A más de uno
por las mañanas le ví haciendo inclinaciones, cumpliendo el ritual de la oración matutina, mirando hacia la Meca.
Yo mismo me uní a uno de ellos, mientras que otros, con sumo respeto , se iban desperezando y pasaban por detrás para no molestar. Fue otro
de los momentos sublimes que tiene la vida cotidiana de cada uno/a, y que hay que
saber descubrir y vivir. Creo que si
hubo convivencia, fue porque hubo respeto. Y salía de ellos mismos, con toda
naturalidad.
3.4.-Su gratitud.
Esta fue otra de las constantes del comportamiento que
tenían para con todas las personas que les acompañábamos. Muchas de la veces
nuestra comunicación era de manera no-verbal, pues mi Inglés y Francés son muy
elementales pero aun así nos
entendíamos. Y lo que sí entendía era el gesto de agradecimiento, las gracias, por cada una de las acciones por
insignificantes que fueran. Y no unas “gracias “ dadas por cortesía, las que
socialmente las denominamos de “buena
educación”, sino las que salían del
corazón, las que llamamos : cordialmente. Estas eran las que percibí y creo que
percibíamos de ellos.
Ninguno dejó de agradecer todo cuanto recibía. A pesar
del cansancio y tener la mente –seguro-en otros lugares y personas, siempre estaban atentos a todo y a todos.
Y yo me preguntaba: ¿qué pasaría si tuviéramos siempre
esta actitud de agradecimiento,?¿no mejorarían nuestras relaciones humanas? ,
¿Por qué no poner en el centro de
nuestra vida la GRATIUIDAD ¿
3.4.- Su fortaleza.
No había más
que observarles y escucharles hasta
donde podíamos entender, para deducir que si no hubieran tenido el coraje, la
persistencia, la constancia, la fe en ellos mismos, no hubieran “soportado ” todo cuanto reflejan sus cuerpos . Esa fortaleza les hacía
levantarse por las mañanas y encarar el
nuevo día con renovada esperanza. Pero …¿hasta cuándo, pensaba yo, esta
esperanza con la que les veía levantarse por las mañanas, se iría poco a poco
convirtiendo en des-esperanza ? Éste era
otro de los pensamientos que me llegaban al verles desayunar y darnos los
“buenos días”.
3.5-Su mirada, lo decía todo.
Dejar su tierra, país, familia, padres, hijos…solo se
puede entender desde la empatía, cuyo primer paso es la proximidad-hacerte
prójimo, próximo-y aun así, nunca será igual que vivirlo en primera persona,
como ellos lo viven.
Desde esa proximidad , me fijaba en sus miradas, y
constataba que siempre estaban alegres: “La sonrisa,
lo primero” , veía. Y pensaba: dolor, sufrimiento, inseguridad…y a pesar
de ello :¡¡la sonrisa permanente!! ¡¡Qué paradoja!!
Si el rostro es expresión –se dice –de la interioridad-es una manera de hablar, pues
somos una unidad(no creo en los dualismos), ¿qué no debemos de aprender de
ellos, para que su alegría nos contagie?
Nuestro llamado “primer mundo”, es un mundo por lo
general triste , donde si hay la alegría
es porque se ha mercantilizado y por consiguientes es superficial .
De ahí que su
mirada se tornaba hacia la mía, para preguntarme: ¿cómo es mi mirada, mi
expresión ? ¿es expresión de una alegría que nace de mi ser, o es solo una
“careta”?
Hasta aquí, el relato de
mi experiencia . Con él no he pretendido “dar lecciones “ a nadie, ni
ser la única expresión de toda la red de acogida de la Comunidad del Centro
Pastoral San Carlos Borromeo, y de otros colectivos que les acompañaron durante
la estancia en Madrid, simplemente sentí la necesidad de hacerlo, pues en tanto
que recordamos y les recordamos , VIVEN Y VIVIMOS.
Finalmente quiero decir que este relato aunque lleva mi autoría, porque
es más de vivencia personal que de análisis , no hubiera sido posible sin el grupo de acogida de SCB, y de otras
muchas personas que de manera anónima y totalmente altruista, dieron también lo
mejor de sí misma para acompañarles, y experimentar la fraternidad .
Madrid. 5 de Septiembre 2018.
nica
terrón
Nica - que bonito, de coração aberto ao outro. Uma vivência holistica certamente.
ResponderEliminarRetive para mim : La autogestión es una de las prácticas que mejor expresa el sentido de ser comunidad, porque no se crean dependencias .
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