domingo, 30 de dezembro de 2018

Relato de una experiencia de acompañamiento


RELATO DE UNA EXPERIENCIA DE ACOMPAÑAMIENTO.

Lo que voy a expresar tiene su origen en las siete  noches  que acompañé  a las personas  migrantes que en el mes de Julio y anteriormente,  con motivo de la ola de frio en Madrid, durmieron en nuestra parroquia San Carlos Borromeo, que les acogió .

 A modo de aclaraciones

 Lo  primero que tengo que expresar  es que yo no fui el único que les acompañó en la acogida; en realidad,  fue toda  una red solidaria que se creó  en  la parroquia, y fuera de ella , de la que   fui un simple enlace-servidor, uno más. De cómo se formó este grupo de acogida  , esta red, sus dificultades y logros,   daría mucho para escribir, pero este no es el objetivo del presente relato.

Con él   no pretendo abordar todos las exigencias  que conlleva el  derecho inalienable al libre tránsito de las personas migrantes,   a no ser tratadas como “mercancías”  y  tener a la política del miedo  y  de la inseguridad como y  a otras, como  justificaciones del no reconocimientos  de sus derechos .

Mi propósito es más sencillo : quiero dejar constancia de mis vivencias a lo largo de las  noches –que de manera discontinua- pasé con ellos, velando sus sueños y pensando en  sus realidades . Y no  sólo por las noches, también lo pude hacer durante las cenas y los  desayunos, que  eran  preparados con todo tipo de detalles y con mucho cariño por personas de la parroquia . ¡¡Cómo se palpaba la ternura de la solidaridad!! Personas más cualificadas que yo lo podrían corroborar, pero omito dar nombres en todo el relato.

1º.- El lugar de la acogida: la Comunidad de San Carlos Borromeo.

Decir que la Iglesia es  casa de acogida” suena muy bonito, y  puede  hasta   que tranquilice     conciencias .Pero no basta con decirlo, hay que llevarlo a la  práctica; y para ello,   no  han de tener  cerradas   sus puertas  .

 Y cerradas pueden estar de muchas maneras. Pueden  que estén abiertas al culto , a la adoración , o para el turismo, pero    cerradas a la acogida:  a ver a la otra persona   como hermana, como iguales,  con la misma dignidad, siendo  por consiguiente un lugar  de confraternización,  y no un lugar “para buscar la salvación en la otra vida” o para hacer  más méritos ganando indulgencias.

Lo sagrado  de las iglesias, de los templos, no les  viene  por la bendición de sus  piedras, o  de sus  altares,  o de las estatuas de los santos y  santas que se exhiben y veneran , o de las personas que descansan “in eternum” dentro de ellas, entre sus muros . Pienso que lo sagrado   lo tienen  cuando son  espacios de encuentro, de acogida,  donde se posibilite  la confraternización, y donde   las personas que acuden  a ellas se sientan  dignas , y sean  reconocidas como seres humanos en su totalidad, sin ninguna discriminación . Entonces sí podemos decir que la Iglesia, las iglesias, los templos , son  casas de  acogidas  y que sus piedras y muros son sagrados, por las personas que acogen.

Y esto fue lo que sucedió en nuestra parroquia : dormir como  ellos  en el suelo ,  tumbados en los colchones  o   en los bancos de la iglesia,  o simplemente encima de unas   mantas- algunos de ellos dormían  debajo del crucifijo que pende en uno de los laterales de la Iglesia, donde semanalmente se vive y expresa    la “comensalidad abierta”- me hacía reafirmarme  en la idea expresada en el párrafo  anterior, y corroborada   en los momentos vividos en el mismo lugar,  como han sido  :  las   celebraciones de los domingos, las presentaciones de eventos reivindicativos, las  fiestas solidarias,   las reuniones  de las Mareas, la Coordinadora de Barrios, encuentros de trabajo, charlas…etc.  Todo ello  indicaba  que el espacio, el templo, estaba abierto y servía también y   principalmente para  las causas de los/as quienes  “ no tienen voz en esta sociedad”, o no la suficiente.

2.- El transcurrir de las noches: breve recordatorio

Confieso que la primera noche que me quedé, en plena “ola de frío madrileña” , acompañando a quienes no habían podido ser recogidos por el Samur Social-“porque ya no disponían-decían –de más plazas en el albergue”, la pasé sin dormir, por el    chock que  me supuso  vivir aquella realidad con ellos.

  Todo me parecía extraño ,  mi cabeza era como una noria de pensamientos que iban y venían : ¿Será verdad dónde estoy? ¿Cómo es posible  que se llegue a esta situación?  Y… a este Estado, ¿se le llama  del Bienestar? ¿No tienen la misma dignidad que yo?  ¿No hay recursos públicos para solucionar este problema? ¿Cuál es mi responsabilidad?  Y   reflexionaba  sobre  la parábola del Buen Samaritano,  del Maestro de Galilea, un tal Jesús, y  encontraba algunas de la respuestas a la situación que vivía de acompañamiento;  pero  mi mente  continuaba dando vueltas   y  vueltas a otras preguntas, como noria alocada, hasta que de madrugada  se paró ,  víctima del  sueño, y se aquietó y pude conciliar el sueño por unas horas. Esta fue la primera noche.

 Recuerdo de un  modo especial otra noche pasada  en el  mes de Julio,  cuando me quedé  con 17 personas , todas  ellas de procedencia  subsahariana,  que habían  desembarcado hacía unos días en unos  de los lugares de  la frontera del Sur de la Costa , y traídas en autobús  por la Cruz Roja para dejarles “a su suerte” en Madrid, como si su sueño ya se hubiera hecho   realidad,  y que gracias   a los contactos  y a nuestro ofrecimiento para su acogida,   durmieron aquella noche en la parroquia.

Aquella noche también fue distinta,   la viví  con una gran intensidad . No había tenido nunca esta oportunidad  de dormir con 17 personas, a penas dos o tres días de llegar a este país, y de la manera  cómo habían llegado. Confieso que les miraba con mucha discreción y respeto, para no herir sus sensibilidades, pues no sabia sus costumbres. Y  yo mismo me “avergonzaba “ de ello. Quería que todo fuera normal, y creo que al final lo conseguí.

No obstante les observaba,  y en todo momento  estuve  pendiente de ofrecerles los cuidados necesarios para hacerles la estancia lo más agradable  posible, siempre con el soporte y la ayuda de las personas del grupo de acogida. Me sentía un modesto servidor de ella.  Palpaba que no estaba solo. Éramos y funcionábamos como una cadena de energía solidaria transformadora.

Los relatos, los análisis, las imágenes, incluso  los reportajes que había visto sobre migración , quedaban en un segundo plano, al verles cara a cara, lo que llamamos  “visibilizar” la realidad, vivirla junto a ellos, y eso que nuestra misión solo fue de acompañamiento, de aproximación. ¿Qué hubiera sido si les hubiera acompañado en la larga travesía que hicieron , por haberme obligado a ello para sobrevivir ? Seguro que este  relato no sería igual.  Pero  ya no me  tenían que contar historias , relatos …. los  tenía allí, junto a mí.  Y ello me inquietaba

 Por una parte me hacía sentirme bien; pero por otra,  me cuestionaba toda mi forma de vida : ¿por qué yo no he podido ser como  uno de ellos? ¿Por qué a mí no me ha tocado migrar? ¿Qué hubiera hecho yo? Estos pensamientos me predisponían a tener un comportamiento  de  escucha y de ser  y estar más próximo a ellos, aunque sabía  que por más que lo intentara  nunca suplantaría su cruda realidad.





Mi decisión fue no ponerme en un plano superior, con sentimientos de compasión , de lástima hacia ellos. Ninguno del grupo de acogida creo que lo hicimos. Y aunque era cierto que les pudimos ofrecer los primeros recursos para su subsistencia, éramos conscientes que eran de emergencia y provisionales. Su dignidad requería  una atención y acogida  integral. Pero mientras tanto, ahí estaba, estábamos, junto a ellos.

En este plano de  ir facilitándoles  la vida “ lo más normal posible”, aunque fuera una quimera, procuraba no tener con ellos  ni una palabra indagadora, inquisitora…de su situación, a no ser para presentarnos.  Solo bastaba nuestra mirada  y el “achuchón”que nos dábamos. ¡¡ Y qué fuerza no  tendría este achuchón , que marcaba nuestra  comunicación a lo largo de la noche y durante las horas de acompañamiento y creo que aun hoy todavía la recordamos, ellos y nosotros/as, allí donde estén!!

Si alguien se hubiera acercado al lugar , al “mejor hotel del mundo”, y hubiera accedido  a  “nuestras suites”, desde las 22 a las 23 h. se vería deslumbrado/a  por unas estrellitas parpadeantes. Eran las luces de sus móviles.

¿Qué pasaba? Pues lo más natural : la necesidad de comunicación con sus seres queridos. Pensad  en los días , meses..¿cuántos?.. que llevarían sin poder comunicarse con sus familiares, sin tener noticias  de ellos.  Yo veía las luces de lo móviles,  testigos  del  prodigio que se estaba produciendo a escasos metros de donde yo  tenía mi esterilla : la intensa comunicación con sus familiares. ¿Qué se  comunicarían? ¿Les dirían el lugar donde estaban? ¿Les dirían que por fín ya habían  conseguido estar “a salvo”, con la seguridad de encontrar un lugar donde vivir y trabajo para sobrevivir y aun para enviarles ayuda?  .

Desde luego que no podía , ni debía, escuchar sus conversaciones, pero pensaba que debían ser momentos muy íntimos , a la vez que difíciles por los que estaban pasando. De modo que me limitaba a dejar pasar el tiempo hasta que a una hora , previamente anunciada, apagaba las luces del “hotel”, y nos deseábamos : ¡¡Buenas noches!!

Recuerdo  como si hubiera sido esta última noche,   una de las experiencias que tuve: serían las 6 de la mañana,  me había despertado pronto para ir a limpiar los dos servicios con la ducha para cuando se fueran a lavar,  para  después   ir a  preparar el desayuno,  y tenerlo todo limpio. Pero sucedió que   al subir  las escaleras para recoger el material de la limpieza   oí una voz tenue medio  susurrando. Pensé  que alguien  desde su lugar  estaba soñando en voz alta o llamando , pidiendo ayuda.  Invadido por mi curiosidad, bajé corriendo las escaleras , me aproximé a la puerta de entrada al salón-templo- que estaba semiabierta y miré sigilosasmente  y ¡¡Ohhh!!! ¿Qué ví? :     a un joven  de pie ,  junto al crucifijo ,con su mirada puesta en él,  que en forma de canto se estaba dirigiendo a él, y le estaba hablando. Abrí los ojos para verle mejor y permanecí por unos instantes dubitativo si entrar o no, mientras veía aquella estampa: unos durmiendo con algún que otro ronquido , y él  orando delante del crucifijo, con voz bajita, para no despertar a los demás que dormían plácidamente, reparando el cansancio acumulado tras sus durísimas travesías.

 Y tras unos instantes de dudas, de incertidumbre,  por si se iba a molestar y al verme dejaría su rezo,  opté por acercarme a él con mucho cuidado para no interrumpirle.

 Llegado a donde estaba , le hice un pequeño gesto de querer estar junto él,  y  me acogió y me coloqué  a su izquierda y permanecí en silencio unos minutos junto a él.  No entendía  muy bien lo que decía(le hablaba al crucifijo creo que en francés) , pero no me importaba. Recuerdo que  su oración era en forma de canto, con una melodía muy fácil de acompañar, como si fuera un mantra.  Y me quedé en silencio. Lo que sentí  en aquel momento  fue  una experiencia de unión, que no olvidaré fácilmente. Noté que entre los dos se estaba produciendo una corriente de energía que nos envolvía a los dos , difícil de  transcribir en palabras, y cuyo testigo  eran  el silencio y la imagen del  ajusticiado, inmóvil y mudo, como si ya con su vida lo hubiera dicho todo.

Por unos instantes pensé en quedarme junto  a él,  hasta que finalizara ;  pero decidí marcharme  y volverle a dejar solo, en su intimidad y yo  interconectado con él de otra manera. Y  me puse a reanudar la tarea prevista: la limpieza de los aseos  y la preparación del salón para el desayuno.

Realizado lo anterior y al entrar de nuevo en el salón que hace de “templo”, me le volví  a encontrar , ahora barriendo el salón, entre colchón y colchón,  con sumo cuidado para que ninguno de sus compañeros se despertaran. Como nadie le había ordenado limpiarlo,  le hice señas para que lo dejara, que luego lo haríamos entre todos, pero él quiso continuar. Pensé que como decisión   suya, debería respetarla. Y así lo hice.   Para mí fue otro  gesto más , ahora de servicio comunitario . ¿ Qué haría después este joven ? me pregunté.

Y …Oh!! Sorpresa: se puso a realizar yoga, junto a la puerta, para no molestar a nadie,  en  una modalidad que yo desconocía. Tras ello, se fue a la ducha y después  se puso  a   coser su pantalón .  Y todo…. antes de desayunar, mientras los demás dormían , y no había encendido todavía las luces  para que se despertaran.

Aun veo  su rostro, y recuerdo que era la misma persona  que al iniciarse la noche, estaba pendiente de ayudarme a colocar los colchones, y dispuesto a todo . Incluso él fue quien estuvo cortando y arreglando los pantalones largos que traían sus compañeros , para caminar más cómodos .

 3.-Lo que me enseñaron

Mientras plasmo por escrito esta experiencia, me llega  el MANIFIESTO: “Ante  las devoluciones de migrantes y refugiados a Marruecos”, emitido por una amplia red de colectivos de apoyo y acompañamiento a personas migrantes y refugiadas, entre ellos  el Centro Pastoral San Carlos Borromeo, donde se critica de una manera radical la práctica hecha por el actual gobierno de devolver a 116  personas migrantes y refugiadas a Marruecos. Y no salgo de mi asombro. ¿Cómo puede ser que meses atrás el propio gobierno acoja al Aquarius y dé algunas muestras esperanzadoras de una vez por todas  de ser consecuente con una política migratoria más humana, y ahora realice esta acción condenable , deplorable? Confieso que esta noticia(24 de Agosto) me dejó sin reaccionar , hasta que de nuevo retomé este escrito.

Ver el fenómeno migratorio como un derecho , a la vez que  como una oportunidad, y  no como una amenaza a nuestra seguridad, es una de las exigencias  primeras que debemos acometer en los planos personal, social y político. Creo que quienes formábamos la red de acogida , lo veíamos y lo vemos así.

Si adoptáramos este nuevo paradigma a la hora de abordar el fenómeno migratorio, nos llevaríamos más de una sorpresa, y muchos de nuestros pre-juicios  desaparecerían.

Trataré de escribir a continuación  y a modo de síntesis algunos de los muchos ejemplos que me dieron:

3.1.- Su lucha contra toda desesperanza.

Solemos decir que  “cada día tiene su afán”. Pero el día   o los días que pasaron desde que llegaron a  uno de los lugares de la Costa por los medios que ya sabemos, y después de  que  el autobús de la Cruz Roja  les transportara  hasta Madrid, y les dejaran   en un lugar para que “se buscaran la vida  como pudieran”, tras unas largas  travesías  desde sus tierras de origen(Senegal, Guinea, Costa de  Marfil, entre otras), ese dícho popular no tenía mucho sentido en ellos.

No  podían planificar nada para el día siguiente. Todo era incertidumbre, inseguridad, desgaste psicofísico al  ir de acá para allá para encontrar una mínima seguridad. En situaciones que yo posiblemente  me hubiera desvanecido, ellos se sentían aun esperanzados y con fuerzas.  Esta fue  la primera lección que me daban cada vez que les veía: su lucha contra toda desesperanza, creyendo firmemente en las personas e instituciones que les iban a acoger. ¿Falsa ilusión?

3.2.-El autocuidado y la ayuda mutua.

Cuando  llegaban por la noche a la Parroquia, llegaban exhaustos, con los pies destrozados, cansados, y deseando tumbarse y descansar  . Lo  primero era   una ducha con agua caliente/fría que  les dejaba relajados, recobrando todo su cuerpo  el brillo  natural.

Después venía la cena,  momento de darse los primeros saludos entre quienes todavía no se habían saludado .A tenor de cómo comían , uno se podía imaginar cómo tenían el estómago.  ¡¡Lo que hace el hambre!!

Ver el hambre de cerca, será otra de las imágenes que me acompañarán toda mi vida para no olvidar, pues el olvido “rubrica” la muerte, aunque se esté vivo

 Vi cómo la autogestión funcionaba y de qué manera, sobre todo tras la cena : cada uno cogía su plato, recogía la mesa, y llevaba los platos a la sencilla cocina , donde siempre había a algunos dispuestos a fregar y a dejarla recogida.  Entre todos lo hacíamos con una gran facilidad , existía una total disponibilidad para el servicio. ¿Qué pasaría si en nuestras diversas comunidades  donde nos desenvolvemos, funcionáramos así? La autogestión es una de  las prácticas que mejor expresa el sentido de ser comunidad, porque no se crean dependencias .

Muchos de ellos, la mayoría , no se conocían, pero habían sido compañeros de viaje, y esto era la clave . Si uno entraba al salón, “templo-dormitorio” cuando ya estaban en sus colchones, vería más de una docena de lucecitas encendidas:  eran  los móviles. Con ellos , bajito, bajito…hablaban con algún familiar a miles de kilómetros de Costa de Marfil, Senegal, Guinea, Marruecos…y si uno se acercaba un poco más, verían sus caras risueñas, y algún que otro suspiro. ¡¡Qué se dirían!! Por una hora-hasta que se apagaba la luz-aquello parecía un locutorio abierto, plurilinguístico.

Yo veía que unos  otros se pedían  los cables-cargadores de los móviles, que ser ayudaban a poner , colocar , los colchones, a buscar en el ropero la ropa  para dormir, se ofrecían el jabón, los enseres para el aseo. En fín …la práctica de la ayuda mutua. ¡¡Qué gran ejemplo, y cómo contrasta con el individualismo feroz que tanto daño nos hace!! ¡¡Seguro que en un hotel de 5 estrellas no veríamos esto!!





 3.3.-El respeto

Tengo que decir también que durante  las noches que les acompañé, no hubo ningún tipo de incidente, ningún conflicto . La convivencia se desarrolló dentro de un gran  respeto de unos para otros, y en un clima de cordialidad, respetándose unos y otros sus creencias y costumbres. Esta fue otra de mis observaciones y aprendizajes .

 A más de uno por las mañanas le ví haciendo inclinaciones, cumpliendo el ritual  de la oración matutina, mirando hacia la Meca. Yo mismo me uní a uno de ellos, mientras que otros,  con sumo respeto , se iban desperezando y  pasaban por detrás para no molestar. Fue otro de los momentos sublimes que tiene  la  vida cotidiana de cada uno/a, y que hay que saber descubrir y vivir.  Creo que si hubo convivencia, fue porque hubo respeto. Y salía de ellos mismos, con toda naturalidad.

3.4.-Su gratitud.

Esta fue otra de las constantes del comportamiento que tenían para con todas las personas que les acompañábamos. Muchas de la veces nuestra comunicación era de manera no-verbal, pues mi Inglés y Francés son muy elementales pero  aun así nos entendíamos. Y lo que sí entendía era el gesto de agradecimiento, las gracias,  por cada una de las acciones por insignificantes que fueran. Y no unas “gracias “ dadas por cortesía, las que socialmente  las denominamos de “buena educación”, sino  las que salían del corazón, las que llamamos : cordialmente. Estas eran las que percibí y creo que  percibíamos de ellos.

Ninguno dejó de agradecer todo cuanto recibía. A pesar del cansancio y tener la mente –seguro-en otros lugares y personas,  siempre estaban atentos a todo y a todos.

Y yo me preguntaba: ¿qué pasaría si tuviéramos siempre esta actitud de agradecimiento,?¿no mejorarían nuestras relaciones humanas? , ¿Por qué no poner   en el centro de nuestra vida  la GRATIUIDAD ¿

3.4.- Su fortaleza.

 No había más que observarles y  escucharles hasta donde podíamos entender,  para deducir  que si no hubieran tenido el coraje, la persistencia, la constancia, la fe en ellos mismos, no hubieran “soportado ”  todo cuanto reflejan  sus cuerpos . Esa fortaleza les hacía levantarse por las mañanas  y encarar el nuevo día con renovada esperanza. Pero …¿hasta cuándo, pensaba yo, esta esperanza con la que les veía levantarse por las mañanas, se iría poco a poco convirtiendo  en des-esperanza ? Éste era otro de los pensamientos que me llegaban al verles desayunar y darnos los “buenos días”.   

3.5-Su mirada, lo decía todo.

Dejar su tierra, país, familia, padres, hijos…solo se puede entender desde la empatía, cuyo primer paso es la proximidad-hacerte prójimo, próximo-y aun así, nunca será igual que vivirlo en primera persona, como ellos lo viven.

Desde esa proximidad , me fijaba en sus miradas, y constataba que siempre estaban  alegres:  “La sonrisa,  lo primero” , veía. Y pensaba: dolor, sufrimiento, inseguridad…y a pesar de ello :¡¡la sonrisa permanente!! ¡¡Qué paradoja!!

Si  el  rostro es expresión –se dice –de la  interioridad-es una manera de hablar, pues somos una unidad(no creo en los dualismos), ¿qué no debemos de aprender de ellos, para que su alegría nos contagie?

Nuestro llamado “primer mundo”, es un mundo por lo general triste , donde si hay  la alegría es porque se ha mercantilizado y por consiguientes es superficial .

De ahí que su  mirada se tornaba hacia la mía, para preguntarme: ¿cómo es mi mirada, mi expresión ? ¿es expresión de una alegría que nace de mi ser, o es solo una “careta”?

Hasta aquí, el   relato de  mi experiencia . Con él no he pretendido “dar lecciones “ a nadie, ni ser la única expresión de toda la red de acogida de la Comunidad del Centro Pastoral San Carlos Borromeo, y de otros colectivos que les acompañaron durante la estancia en Madrid,   simplemente  sentí la necesidad de hacerlo, pues en tanto que recordamos y les recordamos , VIVEN Y VIVIMOS.

Finalmente quiero decir que  este relato aunque lleva mi autoría, porque es más  de vivencia personal  que de análisis , no hubiera sido posible  sin el grupo de acogida de SCB, y de otras muchas personas que de manera anónima y totalmente altruista, dieron también lo mejor de sí misma para acompañarles, y experimentar la fraternidad .



                              Madrid. 5 de Septiembre 2018.

                            nica terrón  

                

1 comentário:

  1. Nica - que bonito, de coração aberto ao outro. Uma vivência holistica certamente.
    Retive para mim : La autogestión es una de las prácticas que mejor expresa el sentido de ser comunidad, porque no se crean dependencias .
    Obg pela partilha

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